Te voy a contar un cuento…
Había una vez una niña que creció entre risas y amor, rodeada de personas que le contaban cuentos a ella y que disimulaban la gran pena que la rodeaba para que no la notara. Pasaron los años y el desastre llegó, el padre murió y la familia se desmoronó, la niña tuvo que hacerse grande antes de tiempo, lo que la hizo revelarse contra el mundo siendo apenas una niña – mujer. Muchas miradas le gustaría borrar de su mente, de la gente que con pena se compadecía de su vida, de su futuro y de su infancia. A pesar de todo esto, de crecer entre fantasmas y recuerdos, la niña se hizo mujer, aunque no sabía que su corazón algunas heridas ya cargaba.
Muchos hombres trataron de acompañarla, aunque ella se aburría y prefería arrancar a su mundo, lleno de ideas, críticas, miedos y sueños.
Un día, sin saber cómo ni por qué llegó a su lado, literalmente, un hombre extraño, un hombre que había sido un niño que creció con escaso amor, en un mundo totalmente diferente al de ella, en un mundo donde tuvo que inventarse fantasías para sobrellevar la falta de cuentos, besos de buenas noches y olor a mamá. Aun así, el niño también creció y se hizo hombre, también se reveló contra el mundo y también poco sabía de las heridas que ya cargaba en su corazón.
Lo extraño, lo que no debía pasar, lo que estaba totalmente fuera de lugar, fue que el hombre y la mujer se miraron más segundos de los que debían, y que desde ese momento un huracán los tomó y llevó lejos de las vidas que llevaban hasta ese momento.
Mucho hubo de cariño, de besos, de miradas y momentos, conversaciones eternas, risas y complicidad, de lo que más había era de amor, ellos por fin se sentían comprendidos por otra persona sin la necesidad de hablar, que siendo tan diferente, era tan igual.
Si bien, él intentó vivir la vida que le hubiese gustado tener y ella intentó demostrarle que no era tan difícil, las heridas con las que ambos había crecido, arrasaron con ese amor, día a día, los fantasmas aparecían y se llevaban un poquito de la magia, día a día el miedo a querer y perder de ella atormentaba sus sueños y día a día el miedo a no ser capaz de querer de él hacía lo suyo.
Pasó el tiempo, y se convirtieron en un par de extraños, que se hablaban con frialdad cuando se encontraban y sólo una leve mirada encontrada les recordaba que de alguna forma, se seguían entendiendo sin hablar. Ella hizo su vida, consiguió un nuevo amor, él siguió buscando las sensaciones que sabía que existían pero que nunca reconoció, incluso cuando las había tenido de la mano. El corazón de cada uno guardó nuevas heridas con las que cada uno siguió, aunque también guardó nuevas formas de querer.
Cuando se encuentran en la calle, no se miran, es más fácil negar lo que fue, es más fácil decirse que fue un amor más, un amor más.
El corazón de ella lo perdonó mucho antes de lo que reconoció, y cada día entre sueño, la felicidad le deseó.
A veces los colores del atardecer los encuentra muy lejos mirando hacia el mismo lugar, y olor a verano mezclado con risas se revuelve en cada suspirar.
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