
Me he hecho la tonta, tratando de silenciar un millón de frases escuchadas y leídas que dan vueltas por mi cabeza. Pero debo reconocer que hay una que me tiene enojada, que hace alusión a mi condición de chicharrón. Sí, un chicharrón. Lo increíble de la situación, es que quienes me conocen saben que no soy así. No necesito hacer una descripción detallada de mis virtudes ni defectos, simplemente, creo que nadie que te ha querido y descrito como una mujer increíble, diferente y partner, puede ubicarte en esa categoría haciendo la comparación con un costillar que cocina porotos granados. ¿Enredado? Bueno, vamos a ser más específicos entonces:
Yo = Ex = Chicharrón
Otra = Nueva = Costillar
¿Le parece mala clase la comparación? A mi también. ¿Qué tienen que ver los porotos granados? La nueva es puesta en calidad de costillar por cocinar porotos granados. Sí, créalo. Lo que me convierte en una desordenada, floja, desastrosa, mala para cocinar y atender. Si fuera así, da igual, cada uno vive como quiere. La cosa es, que precisamente no soy así.
Esto es el tema superficial, ahora lo profundo, ¿Por qué una persona puede categorizar públicamente a quien fue parte de su vida? Está bien, todos tenemos ranking en la cabeza, pero se queda ahí. No sólo es mala clase el comentario, sino que deja a quien lo hace convertido en una penosa persona.
No diré nada en mi defensa, quien tiene la suerte de estar conmigo sabe que por lo menos aburrida y monótona, estilo “dueñadecasacalladailusajuguemosalafamiliafeliz” no soy. Conmigo no se trata de lo que cocino, se trata de lo que HACEMOS (^^).
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