Así como escribo y escribo, leo y leo. La lectura es un gusto innato de varios, desarrollado por unos cuantos y adquirido en la adultez por pocos. También existen las personas que no se encuentran en ninguna de estas categorías, y que no disfrutan de leer.
Se podría decir que cuando aprendí a hablar, quise aprender a escribir, pero así como para aprender a hablar primero debes escuchar, para aprender a escribir debes primero saber leer. En mi casa antigua, había un pasillo oscuro y largo, quizás un poco tenebroso, pero a mi me gustaba estar ahí, porque podía hojear los libros que habían. Entre manuales de psicología, mafaldas, papeluchos antiguos, libros de chistes, novelas y otros de canciones de misa (jaja), mis ganas de leer crecían.
Mi primer libro leído fue Papelucho y mi hermana Ji, versión original del año 60 que era de mi mamá. Me encantaba imaginar los sapos escondidos en la tina de la casa, o a la Ji desapareciendo y haciendo la existencia del pobre Papelucho una lata, al estar obligado a buscarla con una mamá tan incompetente y buena para las jaquecas. Entrar a ese mundo a los 6 años fue fascinante, podía ver a la Domi en la cocina, o al vecino gringo invitándolos a jugar.
Después de esto no paré más, fui una lectora empedernida, con mi prima hacíamos maratón de lectura, con condoritos y novelas del tipo Nuestras Sombras, 13 Casos Misteriosos, Papito Pernas Largas o Los pecosos, acompañadas de una bolsa gigante de chispop de queso. Ir a Santiago era otra aventura, podía encerrarme en la pieza de mi prima grande a leer las mafalda y snoopy, en segundo básico ya las había leído todas.
En fin, los años pasan y cada vez leo menos, soñé muchos años con ser periodista, escritora, hacer reportajes, cuentos infantiles o editora. La vocación, oportunidades del momento y la edad hicieron lo suyo y me convertí en Educadora Diferencial.
Este verano, después de meses sin leer nada, partí al lago con el libro de la foto: Martín Rivas, un clásico que nunca terminé y que había dejado pendiente. Espero volver a los mundos narrados por otros, llenos de olores, historias, personajes, lugares y colores diferentes.

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